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New Criticism vs. Crítica Positivista

En ocasiones resulta curioso observar cómo nos ocultamos tras capas y capas de apariencia. Escondemos aspectos de nuestra propia identidad bajo un manto de características, facetas que nos parecen más perfectas. No es un problema en realidad, si a esa persona le hace sentir mejor. Los problemas de hecho aparecen después, cuando intentamos confundir esas capas con nuestra piel. Es más, si intentamos resaltar nuestras virtudes sustentándonos en esas capas. Al final, nuestro interior sale a la luz y nos deja en peor posición que la que teníamos. Y hay que pensar que en realidad no hay ninguna imperfección, sino un aspecto diferente (que no es lo mismo).

Parece todo muy abstracto y caótico pero ya veréis por qué lo digo.

En crítica literaria podemos encontrar muchas tradiciones diferentes, tradiciones que nos permiten encarar la valoración o explicación de una obra des de diferentes puntos de vista. Ninguno es mejor, todos son diferentes (volvemos a lo mismo). Cada una tiene su propia manera de acercarse a una obra y contemplarla, iluminando algunos aspectos que las otras dejan a oscuras. Podría ser, digamos, una convivencia amistosa e incluso necesaria si queremos llegar a la comprensión total de una obra literaria.

En cambio nos empeñamos en pensar que una tradición (por ser la que a nosotros nos es más simpática) es la mejor y la que tiene la verdad absoluta. No sólo eso sino que también creemos que las demás son innecesarias y necias. Lo gracioso y la vez patético (en el peor sentido de la palabra) es cuando la tradición crítica que menospreciamos y odiamos es la que tenemos más arraigada a la piel.

Pongo un ejemplo. Dos de las tradiciones más famosas (por su relevancia en nuestra vida académica) son el New Criticism y la Crítica Positivista (esta última más porque está presente durante toda la ESO y el Bachillerato). La primera (muy simplificado y resumido) plantea un acercamiento al texto, estrictamente hablando. Excluyendo cualquier dato biográfico del autor. Realiza una lectura atenta del texto que no puede mezclarse con las experiencias del autor. La segunda (también muy simplificadamente) reúne datos biográficos y utiliza el texto para contrastas y corroborar esos datos. Por un lado el primero se centra en el texto y el segundo más bien en el autor.

Es de sentido común, darse cuenta de que, por sus diferencias, ambas pueden extraer datos y conclusiones acertados de las obras. Cada una, des de su posición, puede aportar interpretaciones que completen la idea que tenemos de una obra de arte. Es necio también pensar que podemos saberlo todo de una obra, siempre se nos escarpará algo, pero la variedad de puntos de vista nos da mucha (y cuando digo mucha quiero decir muchísima) información.

Para que os hagáis una idea de la situación que tienen estas tradiciones en la universidad os hago un muy simple resumen. En las filologías (que estudian bajo un programa que se compone de conocimientos lingüísticos y literarios relacionados con la lengua que se estudie) destaca la crítica positivista y es comprensible pues el interés por la lengua se relaciona con el interés por la historia. En cambio en las carreras de Teoría de la literatura (que estudian los fenómenos literarios en sí, que intentan extraer la literariedad de la literatura) rige el New Criticism, ya que las singularidades de las grandes obras de la literatura se encuentran en las obras mismas.

Yo me muevo por este segundo grupo. Normalmente somos muy tolerantes pero últimamente he estado discutiendo con personas que intentan despreciar (muy ofensivamente) el positivismo pero a los cinco minutos tienen el valor de hacer una crítica y una observación positivista. Por eso escribo esta entrada.

El otro día, concretamente, estuve hablando con una de estas personas y después de escuchar elogios y elogios de T.S. Eliot (uno de los autores más importantes del New Criticism) tuve que aguantar un montón de valoraciones que eran aparentemente necias. Resumo:

Esa Persona: T.S.Eliot es un genio, me encanta, su filosofía es como la mía, yo soy como él (¿¿¿¿¿en serio????? ¿De qué vas?).

Hago un pequeño inciso. A mí me encanta T.S. Eliot y me identifico con la ideología del New Criticism pero no soy ni seré nunca como él.

Yo: Sí, a mí también me gusta. Por cierto has leído Mi color favorito es verte?

EP: ¿En serio? No, por favor. Quedó finalista en el Premio Planeta y todos los libros de ese premio son una mierda.

Yo: ¿Has leído alguno?

EP: NO!!!!!!!

Yo: T.S. Eliot se está removiendo en su tumba.

Es decir, me estás diciendo que te identificas con una ideología que determina que el valor de una obra está en la obra misma y no en el autor. Y ahora valoras una obra sintiéndote orgullos@ de no haberla leído. Me parece que la hipocresía es, en tu caso, la única tradición crítica que está presente.

En resumen, lo que quiero decir es que lo importante es no confundir una ideología que en tu ambiente es mayoritaria con la mejor o la más apropiada. Si no es esa tu ideología lo peor que puedes hacer es hacerla tuya por encima de la que tienes más presente en tu mente. Al menos si la haces tuya, no desprestigies la tuya (la de verdad) como si la odiaras porque al final quedas totalmente en ridículo.

Saludos Bibliómanos.

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